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Literatura argentina

  • En su visita a Santa Rosa, la conductora del programa cultural “Los Siete Locos” evaluó los alcances de la normativa y sostuvo que es necesario jerarquizar la profesión periodística. Asimismo, opinó que es necesaria la implementación de políticas públicas en pos de la difusión cultural.

  • Un atardecer impactó a una niña tímida, introvertida, de tercer grado de la Escuela Nacional de Salliqueló. Cuando la señorita Mabel leyó para toda la clase lo que había escrito aquella niña, dijo: “acá tenemos una pequeña escritora”. Hace mucho tiempo, muchos versos ya de aquél día; la niña es ahora una mujer que publica “Ojos mutantes”, su segundo poemario, esta vez editado por Editorial Voces de la CPE. Josefina Bravo ya no es aquella a la que le daba vergüenza hasta decir “presente” en clase, pero algo del espíritu lúdico de su infancia se preserva en su poesía.

  • Cuando allá por febrero de 2020 la plataforma “Netflix” anunció la realización de una serie basada en “El Eternauta”, la noticia se recibió con los brazos abiertos y una sonrisa en el rostro, sobre todo en la audiencia argentina; también hay que decirlo, generó cierta feliz ansiedad por ver ya concretado ese esperado proyecto. Como frutilla del postre, confirmaron en el rol protagónico la participación del reconocido y multipremiado actor Ricardo Darín.

  • El parnaso argentino está poblado, gracias a su larga y nutrida historia, de numerosas y diversas figuras; dentro de ese abanico variopinto, y más allá de que, obviamente, las preferencias sobre escritores y estilos varían para cada persona, una voz supo destacar con luz propia a través de la particularidad de su expresión. Este brillo sui generis no le correspondió a otro que a aquel escritor que se identificó a sí mismo como “Almafuerte”. Con el solo hecho de nombrarlo ya incurrimos en una anticipación sobre la persona que hay detrás de la pluma; estamos realizando, en cierta manera, una declaración de su esencia.

  • Cuando se habla de literatura argentina, las opiniones que podemos recabar son, obviamente, múltiples y por demás diversas. A la ya consabida discusión (que yo mismo he tenido, en cuanto a lo que significa ser escritor pampeano) sobre si el escritor argentino tiene la obligación o no, por ser argentino, de hablar de ciertos temas, se suma que los gustos, las miradas, las preferencias, la época, las circunstancias, y tantos otros factores, hacen que las resonancias varíen para cada persona. Poéticos, costumbristas, líricos, periodísticos, cuentistas, ensayistas, etcétera, resultaría una tarea infructuosa, por lo eterna, el buscar consenso sobre los máximos exponentes de nuestras letras. Es que “hay tantas ideas de Dios, como hombres que lo piensan”, como reza la frase; máxima que tranquilamente puede aplicarse a este debate.

  • Conceptos y teorías permiten realizar diferentes lecturas y análisis de una producción literaria. Una obra poética que admite y desafía esa exégesis es la de Juan Carlos Bustriazo Ortiz. A la par que se van publicando tomos del Canto Quetral se abre el juego a nuevas indagaciones e interpretaciones. Sergio De Matteo, escritor y estudioso del gran vate pampeano, expone en este artículo otras miradas.

  • Publicada en julio de 2010

    Con la partida de Bustriazo Ortiz las letras pampeanas pierden al mejor poeta de su historia. Había nacido en Santa Rosa un 3 de diciembre de 1929. De sólida formación autodidacta, su trayectoria poética fue desde el cancionero de raíz folklórica hasta las formas más atrevidas de la vanguardia contemporánea. Bien podría definirse su producción como un prisma en cuyas caras se reflejan todos los aspectos de la condición humana. El perenne amor, la historia, los márgenes de la ciudad, los vestigios del tiempo ido, el paisaje pampeano, la amistad, las sombras de los muertos, y tantos otros.

    Aunque solitario y distante, siempre estuvo al lado de los oprimidos. Ya en sus primeros libros, que datan de los años '50, refleja un claro posicionamiento a favor de los pueblos indígenas, cuando todavía estaba en pleno auge la exaltación de la llamada Campaña al Desierto. Lamentablemente, el inexplicable silencio al que fueron condenados por mucho tiempo hizo que el compromiso de su voz poética no pudiera difundirse cuando era más necesario.

    Trabajó de linotipista y corrector en el diario La Arena, fue mirero en campamentos topográficos, telegrafista policial y arqueólogo aficionado en la localidad de Puelches. Después, ya radicado definitivamente en Santa Rosa, se dedicó de lleno a la producción de sus libros. Dora Battistón, la más calificada conocedora de su obra, compara con poético acierto, esta última etapa de Bustriazo con la de un antiguo viajero, que ya concluido su periplo, de regreso a su patria, se sienta a escribir en múltiples noches la crónica de sus viajes.

    La poesía de Bustriazo es tan apasionada como apasionada fue su vida. Pocas obras se retroalimentan con el mismo afán, tanto que no puede concebirse una sin la otra. No hay una línea donde no se perciba el latido de su corazón dilatarse hasta el infinito. Del enojo con un bolichero o un amigo podía surgir un poema de escarnio, así como de la efímera e idealizada relación con una joven maestra de Puelches surgió la musa que le inspiró memorables poemas.

    Al fin y al cabo, como el albatros de Baudelaire, su elemento vital fue el “aire” de la creación, donde la belleza de su vuelo no tuvo rival. En la otra dimensión, en la “tierra”, su vida cotidiana, como el ave marina en la cubierta de los barcos, no corrió la misma suerte. Como muy pocos poetas del siglo XX, demostró que el centro de la poesía reside en la manera personal, irrepetible, de mirar la existencia, sin los condicionamientos del medio ni de los manuales que se nutren de la tradición idiomática.

    Para quienes conocen su poesía, es difícil no recordarlo con algunos de sus sentidos versos, como aquellos del que es quizás su mejor poema: Entonces me encendías hondas chicharras / en una casa blanca del Curacó, / y en las tardes del agua era en mis manos / un pájaro chiquito tu corazón.

    *Marcelo Cordero era Director de Editorial Voces en 2010

  • ¿Qué estaba pensando Urondo[1] a inicios del ’70 respecto de la función del arte, la poesía, la cultura, la revolución, la vida y la muerte? Para buscar respuestas vamos a mirar algunos textos significativos: la novela Los pasos previos, escrita en el ’71 y publicada en el ‘73; Trelew. La Patria Fusilada, reportaje publicado por Crisis en el mismo año y que Urondo ha realizado a los tres sobrevivientes de la masacre perpetrada el 22 de agosto de 1972, un día antes de la liberación de todos los presos políticos[2] que se concreta en el inicio del gobierno de Cámpora; y un artículo referido a la vanguardia y los intelectuales en la revolución, que publica en septiembre del ‘74 junto a algunas poesías que pertenecen al libro Cuentos de Batalla[3].

  • Es necesario, para recuperar la memoria histórica, hablar, conocer, recordar qué pensaban, qué debatían, quiénes eran, dónde militaban, a quiénes amaban, a quiénes se oponían. Es necesario analizarlo en toda su magnitud, con sus interferencias, sus interrelaciones; romper los carriles paralelos desde los cuales se pretende analizar lo propiamente literario de lo no literario, lo propiamente histórico, lo político separado de lo que se considera periodístico, que es la marca que tienen los estudios académicos en general, desde hace bastante tiempo: esta segmentación de la realidad con la excusa de que se hace ciencia.

  • “Esa seducción empezó tal vez ante su lenguaje de riqueza apabullante, que se despliega con una cadencia de surgente inagotable, que pide y crea versos largos, de insospechados pliegues que asoman bajo su estructura compleja, y luego se amplió al desgranar los temas y enfoques al servicio de los cuales juega esta verdadera orquesta formal”.

  • El sábado 5 de octubre, en la sala "Enrique Tubán" de "Los Pioneros", la Biblioteca Pública Popular "Edgar Morisoli" organizó un acto de recordación y homenaje al poeta Miguel Ángel Gómez, como parte del ciclo "De poetas y poesía".

  • Es muy posible que a alguno de los asistentes, y muy especialmente de los no asistentes, se le haya ocurrido preguntar para qué puede servir una charla sobre los personajes de la poesía de Manuel Castilla; mal que me pese, es una pregunta valedera. Para ella no tengo una respuesta definitiva pero puede ayudar una anécdota.

  • Cada edición de la Feria Provincial del Libro renueva el aire pampeano desde lo artístico y cultural; cada encuentro tiene sus particularidades, se puebla de diversas voces, circulan las letras por las salas; la palabra, incesante, inaugura nuevos mundos. Vuelve a convocarnos ese objeto mágico del hombre: el libro.

  • Hoy el género vampírico está de moda: abundan libros, cine y series televisivas; un extraordinario negocio que puede hacernos olvidar, o recuperar, muy buenas piezas artísticas. Hace quince años apareció “Los anticuarios”, novela del escritor argentino Pablo De Santis, que toca esta temática. Releerla motivó a escribir sobre ella y, más importante, a la posibilidad de entrevistar a este prolífico autor argentino. Lo que sigue a continuación es fruto de esa re lectura y de ese intercambio, en una amena charla que giró sobre praxis literaria, emociones, pensamientos y opiniones, permitiéndonos espiar detrás de los telones de la novela, pero también del mundo que habita a De Santis.

  • Al comenzar a hablar tanto de la vida como de la obra de este singular personaje conocido bajo el seudónimo de Fray Mocho, es necesario antes situarlas en el contexto en que estas se encuentran enclavadas. Contemporáneo de dos grandes figuras de nuestra historia, como lo fueron el por entonces presidente Bartolomé Mitre y el gran educador Domingo Faustino Sarmiento, en dicha época se vivía en el país la Unificación Argentina, con la poderosa Buenos Aires integrándose al resto de las provincias. La importancia y relación de este marco histórico en la vida artística y profesional de Fray Mocho, es que sienta las bases de un fuerte sentimiento “nacional” durante esos años, sentimiento del que este hombre luego se haría eco, a través de la riqueza de su arte y de su vocación periodística.

  • “Nora Glickman transita misterios que solemos olvidar o que ignoramos. Sus mundos oscilan entre morbosos fantasmas de la infancia y el cálido recuerdo de la vida en las colonias judías en la Argentina, y con un estilo claro y profundo nos lleva a compartir sus emociones.”  Luisa Valenzuela