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UN 18 DE DICIEMBRE QUE NO OLVIDAREMOS

Los operarios de energía de la CPE estuvieron trabajando un promedio de 14 horas diarias cada uno, en las jornadas posteriores a la tormenta del 18 de diciembre, un fenómeno meteorológico con características de tornado, que no sólo fue imponente por su potencia sino también por la extensa área que afectó.

Las imágenes que ilustran este artículo fueron captadas
por los trabajadores y compartidas gentilmente
con la Oficina de Prensa de la CPE.

No hay verano que no desafíe al sistema de distribución de energía de la CPE. Los días muy calurosos generan un altísimo consumo pero también las tormentas de verano ponen en tensa guardia a todo el sector. Ese viernes el cielo venía con color sombrío hasta que finalmente, alrededor de las 4 de la tarde, se desató una brutal madeja de viento y tierra, y poca agua.

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Las imágenes que corrieron con inmediatez por las redes sociales fueron elocuentes: a las increíbles nubes de tierra que avanzaban velozmente empujadas por el viento, se sumaron un ratito después las de árboles y columnas arrancadas o quebradas, redes caídas, corte de servicios, techos volados, chapas colgadas de los cables, y en muchas rutas y calles de La Pampa, una niebla de arena que impedía la circulación automotor con algo de seguridad.

“Esta vez el caos fue en los cuatro puntos cardinales”, recordaron Abel Carballo y Martín Gerassi, subjefes del sector Redes de la Cooperativa, ante la consulta de “1º de Octubre”. El tendido eléctrico sufrió quebraduras de columnas de hormigón armado y postes de madera en casi toda la geografía rural abastecida por la entidad, a lo que se sumó el daño en el radio urbano, “que también fue inusual”.

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“En (el sector) Redes trabajamos ocho cuadrillas todos los días, cinco de mañana y tres de tarde —comenta Carballo— pero ese día tuvimos que reforzar las de la tarde y trabajar hasta la una de la mañana levantando los más urgente en el área urbana”. “Levantar” significa, en el habla cotidiana de los trabajadores de energía, dejar en funcionamiento una red que ha sido afectada por una falla o, como en este caso, por una tormenta de vientos huracanados.

Al día siguiente, el 19, con las primeras luces, se retomaron las operaciones en el sector urbano y se inició una incesante tarea de puesta en servicio de numerosas líneas rurales, caídas a lo largo y ancho del ámbito de cobertura de la CPE que -vale recordar- ronda el millón de hectáreas, sumando Santa Rosa, Anguil, Uriburu, Lonquimay, Catriló, Mauricio Mayer, Ataliva Roca y Toay. “El primer día te exaspera: vos te encontrás con que está todo tirado y hay que empezar, con un criterio lógico, a parar las redes troncales primero. Vas a la mañana y volvés a la noche, parando sólo un rato para comer”, dice Carballo.


 

Línea sepultada

Día tras día, las cuadrillas fueron reinstalando nuevas columnas de las extensas redes rurales. No faltaron desagradables sorpresas extras: se dio el caso de un campo, en Barrancas Coloradas, donde unos 1.800 metros de línea, con columnas, riendas, crucetas, aisladores, cables y todos los elementos que la componen, quedaron “sepultados” bajo decenas de enormes pinos que se abatieron sobre la red. En ese caso directamente hubo que realizar un nuevo tendido completo, paralelo, ante la indescifrable demora que supondría retirar los enormes árboles y liberar los elementos.

“Con una tormenta habitual, nunca nos queda un campo sin luz por dos días. Pero cuando caen al piso extensas redes troncales, hasta que no las levantás, un montón de usuarios se queda sin energía durante más tiempo. De todas maneras, para el quinto día ya casi estaba todo levantado, sólo nos quedaron seis o siete usuarios (rurales) que dependían de tramos muy largos de redes caídas”, recuerda Carballo.

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“Hasta Colonia Lagos, por ejemplo, tenemos 62 kilómetros por tierra”, precisó Gerassi. “En Naicó había campos con nueve o diez postes tirados, con todo, subestación, transformador, todo en el piso. También tuvimos que levantar eso, aunque es jurisdicción del personal de la CPE en Ataliva Roca, que también fue muy castigada”. En total, en pocos días, fueron colocados más de 60 soportes nuevos en el área rural y otros 25 en la ciudad de Santa Rosa.

La Guardia

Simultáneamente, ese viernes por la tarde, la Guardia de la CPE atendía los reclamos de vecinos que se multiplicaban desde todos los barrios. Las cuatro parejas de operarios que diariamente atienden “la normalidad”, ese caótico día de la tormenta estaban reducidas solo a dos, por un caso de Covid y otro de aislamiento. Por lo tanto las disponibles fueron reforzadas con dos parejas del sector Conexiones y otra de Pérdidas no Técnicas. El mismo día, en las horas que siguieron al fenómeno metereológico, las cinco unidades solucionaron 173 reclamos; al día siguiente, fueron 300, y así cada día hasta el mismo 24, cuando se normalizó la situación luego de atenderse un récord cercano a los mil reclamos domiciliarios.

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El 2020, el año de la pandemia, impuso restricciones que impidieron tareas habituales y preventivas como por ejemplo realizar recorridas de líneas eléctricas y podas de ramas. Ambos coincidieron en resaltar que “por suerte los casos de Covid que tuvimos en las cuadrillas fueron muy menores, todos por contagio externo y ninguno contagió al compañero de trabajo”.

Seguridad, Higiene y Ambiente

Desde el área de Seguridad, Higiene y Ambiente de la CPE, también participaron durante las tareas de reparación, asistiendo a los operarios con el ánimo de evitar accidentes y señalizando correctamente las áreas de trabajo. Natalia Álvarez, integrante del equipo de SHyA, destacó el compromiso, la responsabilidad y el profesionalismo de los trabajadores que afrontaron las tareas de la calle.

Comentó que desde el sector se colabora con todo lo necesario, y mucho más cuando la situación adquiere indicio de emergencia, como fue el caso de la tormenta del 18 y sus consecuencias; desde trasladar una grúa hasta abastecer de capas impermeables, controlar si falta algún casco o cortar la circulación en las calles donde se está trabajando.

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Apenas unos días después, ya en enero, cuando aún resonaban los comentarios de lo acontecido, otra violenta tormenta de granizo y lluvia azotó a Santa Rosa, provocando inundaciones en barrios del norte capitalino. Otra vez, la tarea que pintó de urgencia, volvió a poner al personal en situaciones de riesgo, cuando tuvo que meterse en sectores anegados, caminado con el agua hasta la cintura y cargando herramientas, para ayudar a poner en funcionamiento las bombas de la estación de bombeo que la Municipalidad de Santa Rosa tiene en los cuencos.

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Carballo, en un pasaje de la charla, resumió tanto esfuerzo con orgullosa exactitud: “nosotros en la Cooperativa tenemos una idea que se hereda culturalmente según la cual no podemos tener gente sin luz, no nos podemos permitir eso”. Compañeros y compañeras de Redes, Operaciones, la guardia, Seguridad e Higiene, son todos sectores que tienen buena parte de su razón de ser laboral en la calle y cada día lo demuestran, con sol, con lluvias, o como sea: “no podemos tener gente sin luz, es nuestra herencia cultural”.