Nuevo 1° de Octubre es una publicación mensual y gratuita de la CPE.

Literatura pampeana

  • Aquí anda dando vueltas el ángel de Edgar”. El músico Ernesto del Viso, en el instante previo a interpretar dos canciones con su guitarra, puso palabras justas al generalizado sentimiento que compartieron el numeroso público, las y los artistas invitados, y el panel que el pasado lunes 18 de septiembre, en la siempre hermosa sala del Teatro Español, presentó la flamante obra de Rubén Cacho Evangelista: “Edgar Morisoli. Poeta y militante del cancionero pampeano”.

  • Durante el año 2002, en un destino impensado de La Pampa, y contra todo pronóstico, un grupo de bandidos toma por asalto una sucursal bancaria que estaba cerrada y otro banco que no funcionaba hacía ocho décadas, con escenas propias de un “western” que conmocionaron a todo el pueblo. A partir de este hecho, dos escritores pampeanos toman la posta y convierten los fallidos atracos en una trepidante novela policial.

  • Nunca le interesó probar con una computadora: fiel a la antigua Remington teclea sus poemas escritos a mano. “Lo importante no es con qué se escriba”, dice don Edgar Morisoli restándole cualquier tipo de trascendencia al punto, en el inicio de una charla donde entraban y salían los más variados temas: sus libros, la llegada familiar a La Pampa, la política y especialmente la literatura, una vocación que empezó a exteriorizarse durante la adolescencia.

  • Un atardecer impactó a una niña tímida, introvertida, de tercer grado de la Escuela Nacional de Salliqueló. Cuando la señorita Mabel leyó para toda la clase lo que había escrito aquella niña, dijo: “acá tenemos una pequeña escritora”. Hace mucho tiempo, muchos versos ya de aquél día; la niña es ahora una mujer que publica “Ojos mutantes”, su segundo poemario, esta vez editado por Editorial Voces de la CPE. Josefina Bravo ya no es aquella a la que le daba vergüenza hasta decir “presente” en clase, pero algo del espíritu lúdico de su infancia se preserva en su poesía.

  • “Parece que estuviera cantando cuando leo mis poemas”, ha señalado Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Esta referencia implica la conjunción entre lo oral y la escritura; y dicha particularidad no se le puede escapar a un creador como Juan “Tata” Cedrón que, desde el año 1964, cuando funda el Cuarteto Cedrón, ha musicalizado alrededor de 40 poetas de distintas épocas y procedencias.

  • Rumun Rankül es el primer libro bilingüe, en ranquel y en español, editado en la provincia de La Pampa. Fue presentado en la última feria de libro provincial y contiene casi medio centenar de relatos —breves, reales, algunos bajo la forma de canciones— escritos por Javier Villalba, músico cantautor y docente pampeano.

  • La expresión que titula este artículo pertenece a Águeda Franco, escritora y amiga de Teresa. La dijo mientras la miraba a los ojos con una dulce sonrisa, sintetizando el ambiente de emociones compartidas que se materializó en Los Pioneros, esa tardecita del viernes 28 de octubre. Teresa Pérez, anfitriona y receptora de tanto cariño colectivo, agradecida, quería saludar a cada invitado e invitada que respondió a la convocatoria de la Editorial Voces para la presentación de su libro de poemas y relatos.

  • Churrasqueábamos al atardecer con el Rubio Suárez. El puesto, ubicado en un bajo, al costado del camino que va a Puelén y sobre las estribaciones del Cerro Collón, ya había entrado en sombras. La oscuridad atenuaba la pobreza de la casa y de su gente. A la luz del braserío los rostros paisanos –también los nuestros– tenían una expresividad distinta. Unas llamas mandaban temblando hacia atrás la alta figura del Rubio. Yo intuía apenas unas cruces de muertos desconocidos, preciosas en su forja de hierro, que había encontrado en el jarillal, apuntadas por una luna naciente. Sobre la parrilla se demoraba la cabeza del cordero, bocado especial, dejada por unos y otros en atención a las visitas.

  • En noviembre pasado,  la Asociación Pampeana de Escritores y Escritoras celebró sus primeros 40 años de intensa y fructífera actividad cultural, tarea que la ha transformado en una referencia insoslayable de toda nuestra región. Su creación se dio apenas unas semanas antes de que Argentina recuperara la democracia. Hubo festejos en Víctor Lordi 73, el hogar de la APE, que impulsó y desarrolló el “37° Encuentro de las Letras Pampeanas”.

  • Desde la teoría o crítica literaria se intenta comprender cómo funciona una obra de arte, tanto en obra en sí como en relación con otras producciones y, además, de la interacción con el contexto, de su tracción respecto a la realidad. En ese sentido, así como hay una biblioteca de libros de diferentes autores y autoras, también hay otra serie de textos con las interpretaciones. Esta vinculación entre composición poética y actividad reflexiva la abona Gottfried Benn en Problemas de la lírica (1951) cuando plantea: “Una poesía nueva significa para el autor, cada vez, domar a un león y para el crítico mirar en los ojos a un león”.

  • “Once aguas” es el flamante producto literario del escritor e investigador Walter Cazenave. Tres poemas -La lluvia en Ankara, Luna de Agua y Nublados- se integran con armonía a historias, personajes y misterios vinculados al agua de ríos, manantiales y pozos.

  • Hay seres que son extraordinarios. Justamente por eso no pueden apegarse a las normas, usos y costumbres de las personas ordinarias. Con “ordinarias”  quiero decir comunes, sin ninguna intención peyorativa.

  • Los mapuches lo llamaban “pichai” aunque el origen es quechua (alpa: tierra o suelo, taco: planta, árbol). De una gruesa y profunda raíz se desprenden ramas horizontales que se desarrollan por debajo de la superficie del suelo, de las que surgen ramas verticales u oblicuas, y forman un círculo que puede llegar a tener varios metros de diámetro. Las ramas aéreas son espinosas, sus flores están dispuestas en racimos densos, amarillentos, y sus chauchas (frutos) son vainas rectas o curvadas, de color pajizo, a veces con tinte violáceo, que alcanzan hasta 15 centímetros.

    Publicada en abril de 2005

    El género “Prosopis” al que pertenece el alpataco comprende más de cuarenta especies nativas principales de las regiones áridas y semiáridas de América. En Argentina existe la mayor concentración incluyendo los algarrobos, el caldén, el retortuño, el ñandubay, el vinal, etc. Generalmente crece asociado a las jarillas en el monte arbustivo y árido de La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut.

    El valor económico del alpataco está en su uso como combustible y como planta forrajera: es ramoneado por el ganado y sus chauchas son muy apetecidas; es un recurso importante, especialmente cuando escasean los pastos. Por otra parte, el alpataco cobija en la base de sus ramas aéreas a una serie de gramíneas que por estar fuera del alcance del ganado, logran semillar favoreciendo la supervivencia de las mismas en medio del monte árido.

    El símbolo

    Este comentario es en parte un humilde homenaje al ingeniero agrónomo Guillermo Covas, autor de la obra, pero no queremos dejar de lado las extrañas aunque simpáticas similitudes con nuestras cooperativas: tienen una raíz gruesa y profunda, de modo que es muy difícil quitarlas del suelo o de la comunidad donde están insertas; se defienden con filosas espinas de quienes desaprensivamente pretenden atacarlas; cuenta con una ramazón generosa a la sombra de la cual pueden sobrevivir numerosas especies o iniciativas que benefician la tierra o la sociedad; nacen y se desarrollan en ámbitos habitualmente hostiles, con poca ayuda de la naturaleza pluvial o gubernamental; son un importante combustible que resiste los embates de todos aquellos que no respetan ni la ecología ni las características de “no renovables”; en épocas de enormes dificultades, tienen la capacidad de continuar alimentando al ganado o respondiendo a las necesidades de la gente y compatibilizando la eficiencia económica junto a la imprescindible “eficiencia social”; el color amarillo de sus flores coincide con el símbolo internacional del cooperativismo que identifica al sol como fuente de luz y vida.

    Hace 75 años nuestros pioneros imitaron sabiamente a la naturaleza a la hora de diseñar y poner en funcionamiento esta herramienta que es la CPE. La literatura pampeana refleja este orgullo de nuestra tierra árida:


    El alpataco es un indio

    Que mira desde su hondura,

    Hosco, amargo, resistido,

    Para siempre y para nunca.

     

    Pero a veces se me vuelve

    Silbo, grito y esperanza:

    Entonces el alpataco

    Es un paisano que canta.


    Juan Carlos Bustriazo Ortíz
    “Del alpataco”

    *Pablo Fernández fue presidente de la CPE antre 1990 y 1995

     

  • Entre el 9 y el 11 de septiembre se llevó a cabo la Segunda Feria de Autoras y Autores de la Patagonia en Río Gallegos, Santa Cruz, en la que tuvo un espacio preponderante el homenaje a los héroes y heroínas de la guerra de Malvinas, a 40 años del conflicto. En ese marco, una de las actividades fue la presentación de un libro de relatos sobre aquel episodio, en el que se incluyó el cuento “El casco de Beto” de la escritora piquense Nidia Cristina Tineo, en el que la autora logró convertir en literatura una noticia que hace pocos años reflejó un hecho real con repercusión internacional. A continuación se reproduce el texto completo.

  • En 1974 la Cooperativa Popular de Electricidad vivió uno de los embates más fuertes del poder político para hacerse de la conducción. El sindicalismo peronista intentó desplazar a los dirigentes cooperativistas, que impidieron con sus votos el desmantelamiento de la entidad solidaria, según recuerda Norberto Asquini en su libro "Crónicas del fuego".

  • "-  A  medida que describís tus emociones de cuando asististe al estreno de esa película portentosa, en aquel cine de tu infancia pueblerina, fui recordando que alguna vez,  Julito comentó que un marinero del Potemkin vivió en La Pampa..."  cap. 39, pág. 120

  • El domingo 26 de noviembre se presentó en el Teatro Español el espectáculo Poemario del Monte, con interpretaciones musicales en la voz de la artista Vero Be, en base a textos de Eduardo Aguirre. En este artículo, el escritor Sergio De Matteo reflexiona sobre el encuentro artístico de los dos géneros y el espíritu de las obras.

  • Voy por este monte oscuro rezumando sangre.  Solo, porque la sombra servil y ocasional de este otro hombre ni la cuento. Yo, Julio César Crevani galopo dolorido hacia el viejo boliche de El Carbón.

  • Sí señor. De los chicos de la barra soy el más curioso. Los demás me cargan a veces y me dicen qué hacés detective, cuando les cuento que el coso ese anda en algo raro. Por ejemplo, cuando les dije que el marido de la verdulera no trabajaba como mi papá o el papá de los demás pibes del barrio que trabajan de día y vienen temprano a casa y después se van a jugar a las barajas al club o se sientan a tomar fresco en la vereda o se ponen a regar las plantas del patio. Seguro que el coso ese anda en algo raro, les dije.

  • Sí, sí, yo lo vi, claro que lo vi. Lo vi clarito. Cómo no lo voy a ver si yo era el que le echaba los caballos a la puerta para el aparte y él atajaba. Ya éramos grandes. El Tono tenía 11 años y yo 12, y eso lo hacíamos siempre. Más de una vez, con animales ariscos. Como a él le gustaba ponerse en la tranquera, siempre me decía “mandá no más que yo hago de arquero”.