Nuevo 1° de Octubre es una publicación mensual y gratuita de la CPE.
IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

La igualdad de oportunidades está expresamente reconocida por la Constitución Nacional. Su artículo 75, inciso 23, ordena al Congreso “Legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad”.

Publicada en abril de 2005

En las últimas tres décadas, las mujeres organizadas en diversas formas cuestionaron explícita y radicalmente los aspectos centrales del orden vigente. Entre ellos, la división entre una esfera pública dominada por los hombres y una privada adonde se intenta relegarlas; la división sexual del trabajo, y las representaciones sociales de lo femenino y masculino.

Una de las áreas críticas que los gobiernos usualmente se comprometen a respaldar es la salud de la mujer y la Convención sobre eliminación de todas las  formas de discriminación. La Ley 23.179 establece en su artículo 10: “Asegurar las mismas oportunidades para participar activamente en el deporte y la educación física”, y en su artículo 13: “Asegurar el derecho a participar en actividades de esparcimiento, deporte y en todos los aspectos de la vida cultural”.

La actividad física y deportiva implica educación, salud, esparcimiento y participación social; constituye un bien cultural y un derecho de las personas que plantea, por lo tanto, la responsabilidad del Estado para garantizar su plena vigencia. Es evidente que la pobreza perjudica proporcionalmente más a las mujeres, y se ve agravada por el aumento de la jefatura femenina en los hogares.

Debido a esto las mujeres se ven obligadas a cubrir dobles jornadas de trabajo, a minimizar el cuidado de su salud, a descartar la recreación y la actividad física, afectando su estándar de vida y desarrollo personal y social.

200504 Por un espacio donde todos ganemos 2

Paola Toane, ciclista santarroseña. Foto: Gentileza de La Arena

Discriminación sutil

Actualmente, la mujer ya no tiene prohibido presenciar espectáculos deportivos ni debe disfrazarse de varón para participar en competencias, como sucedió durante mucho tiempo; pero los modelos de género vigentes recrean sutilmente aquellas prácticas discriminatorias. Para las nenas la muñeca, para los varones la pelota; en el jardín de infantes: ellas al rincón de la casita y ellos al de los bloques; para todos está mal pegar pero "los varones deben aprender a defenderse". La escuela ignora el cuerpo y es verbalista para todos, pero da por supuesto que "las mujeres de por sí son más tranquilas", mientras que "los varones necesitan descargarse en el recreo"; los varones hacen deportes, las mujeres "juegan"; si el club tiene pocos recursos y canchas, la prioridad es para las actividades masculinas; en radios, revistas, diarios y televisión, en cuestiones deportivas, suele ser el varón quien se consagra como estrella.

La estimulación para el deporte así como las canchas, los horarios disponibles, el dinero de las instituciones y el poder de decisión en esta área, están desigualmente distribuidos según los sexos. No debe asombrarnos entonces que como "norma" a cualquier edad y en ámbitos diversos, los varones sean más coordinados, más ágiles y más resistentes que las mujeres.

La situación es más acuciante aún para las mujeres de los sectores socio-económicos desfavorecidos. Son más vulnerables para ejercer su derecho a una "vida sana"; no sólo no acceden a la oferta deportiva instalada como hábito y como moda en el mercado de consumo, sino que también soportan o sostienen pautas culturales virtualmente más rígidas y excluyentes que las de sectores más acomodados. Así, las mujeres que no tienen acceso a gimnasios ni polideportivos, tampoco suelen darse oportunidades equivalentes al fútbol de potrero, al "picadito" en horarios libres, "a juntarse a tirar al aro", a correr en espacios verdes los fines de semana, etc.

Estas y otras variantes, tan difundidas entre los varones del mismo sector social, están tan incorporadas y aceptadas socialmente como la inexistencia o la inconveniencia de alternativas similares para las mujeres. A la escasa y estereotipada oferta de acciones por la igualdad en el deporte hacia la mujer y a que la permanencia en la actividad se ve coartada por múltiples causas, se incorpora la ausencia de políticas públicas en el ámbito deportivo recreativo que tengan como destinataria directa a la mujer de todas las edades.

A pesar de todo hay un abanico de mujeres que caminan, corren, tienen acceso al deporte y la recreación; pero seguimos buscando nuestro lugar, avanzar; esperamos tener canchas y pistas abiertas, bicicletas, guantes, piletas, remos, arcos, pelotas, fuerzas y puestos dirigenciales y de ejecución, manos abiertas sintiendo el viento en la cara y los pasos firmes de las niñas pequeñas que nos miran.

*Zulema Izaguirre es profesora de Educación Física.
Agente de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres