Con la partida de Margarita Monges, las letras pampeanas pierden a una de las integrantes del innovador movimiento que se inició a mediados de la década del cincuenta. Además de su labor artística, expresada en numerosos cuentos y poemas, dejó su aporte en la construcción de un nuevo concepto de literatura en La Pampa, que desplazó a la visión metropolitana con ecos de la generación del '80.
Publicada en julio de 2012
Junto a su esposo Edgar Morisoli, Blanca Rosa de Morán, Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Ricardo Nervi, los hermanos Julio y Félix Domínguez, Ana María Lassalle y Norberto Righi, integró el núcleo fundacional de una literatura que incorporó el paisaje y el mundo espiritual de nuestra región con una mirada nueva, original, y, por sobre todas las cosas, auténtica.
Junto a ese grupo también acompañó las sucesivas oleadas que generó ese reposicionamiento estético e ideológico no sólo en la literatura sino también en otras disciplinas artísticas, como la música y la plástica, y echó raíces incluso en el campo de la historia y estudios sociológicos.
En ese contexto de crecimiento artístico y compromiso social, la participación de Margarita fue permanente, tanto en la producción personal como en la promoción de los valores y a través de su cátedra en el Profesorado de Inglés de la Facultad de Ciencias Humanas. Aconsejaba, difundía, estimulaba, brindaba con gusto su tiempo y su experiencia en cuanta actividad socialmente significativa la convocara.
Su tarea no pasó desapercibida cuando se desató la represión de la última dictadura en la provincia. Como muchos otros docentes universitarios, perdió su cátedra y el contacto directo con el mundo universitario, pero no su ánimo ni su pasión por las letras, ni el amor por la tierra que había abrazado como propia.
Igual que en los inicios, cuando como muchos de los que partieron la primera leña, se la encontró junto a la revista Huerquén (voz mapuche que literalmente significa “mensaje”, auténtico portavoz de los nuevos tiempos), con los albores de la democracia, fiel a su temperamento, formó parte del grupo que le dio vida a la Asociación Pampeana de Escritores.
Su poesía lírica tiene carácter intimista, quizás una resonancia de los poetas líricos en lengua inglesa, que conocía como pocos, desde los clásicos hasta los contemporáneos. Sus relatos, inspirados muchas veces en motivos costumbristas, se caracterizan por su precisión y elaborada sencillez.
Su formación era amplia, pero nunca hizo alarde de sus conocimientos. Al contrario, sabía que toda producción literaria, como toda cultura, es la confluencia de múltiples aportes, un espacio donde el necesario contacto con la dimensión humana deja de lado las fronteras geográficas y lingüísticas. El recuerdo de su inclaudicable vocación y sus textos ya son parte de la historia de la literatura de nuestra provincia.
*Marcelo Cordero era Director de Editorial Voces en 2012
