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OPINIÓN: CAMPAÑA CONTRA EL CONICET

A fines del año pasado las redes sociales se cargaron de comentarios que tuvieron por objeto la columna vertebral de la ciencia argentina, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, más conocido como CONICET. Los mensajes enviados anónimamente al ciberespacio cuestionaron los méritos de los investigadores del Consejo para recibir un salario del Estado nacional, ironizaron sobre la importancia de los estudios que desarrollan y coincidieron con la sorpresiva reducción del 60% en la incorporación de nuevos investigadores.

Publicada en marzo de 2017

La primera reacción a este suceso es considerarlo una campaña de desprestigio, cuya finalidad fue generar consenso social para el recorte en el presupuesto de ciencia y técnica. La modalidad es conocida y mucho se ha escrito acerca de ella. Esta nota prefiere superar ese primer impulso y ofrecer, en cambio, información que permite calificar a aquellas opiniones como infundadas, injustas y contrarias a los intereses de nuestro país.

El CONICET fue creado en 1958 para promover la investigación científica y tecnológica del país, y su primer presidente fue el Premio Nobel de Medicina argentino Bernardo Houssay. A la fecha, el CONICET es uno de los organismos científicos más prestigiosos del mundo. El último ranking mundial elaborado por Scimago (www.scimagoir.com) en 2016 lo ubicó en el puesto 274 en un total de más de 5.000 instituciones; es decir, dentro del 5% más alto. El CONICET es segundo en Latinoamérica, detrás de la Universidad de San Pablo (Brasil) y tercero en Iberoamérica, detrás del Consejo Superior de Investigaciones de España y la universidad brasileña. Estos niveles de excelencia internacional no se logran sino a través de muchas horas de trabajo.

Ingreso y permanencia

El ingreso a la Carrera de Investigador Científico (CIC) del CONICET está sujeto a una evaluación de antecedentes que es llevada adelante por una comisión de investigadores reconocidos. Entre los requisitos mínimos figura la posesión del grado de Doctor, lo que en el ambiente académico equivale a la realización de estudios durante al menos cinco años después de la finalización de una carrera de grado universitaria y la escritura de una tesis.

El ingreso al CIC exige, además, que el postulante haya dado a conocer el resultado de sus investigaciones en revistas científicas de reconocimiento internacional, lo cual necesita, a su vez, superar varias instancias de evaluación por parte de editores y revisores. El número de publicaciones que habilita el ingreso se logra comúnmente luego de la realización de estudios post-doctorales que toman mínimamente dos años más. Luego del ingreso, la permanencia en la CIC depende de la presentación y aprobación periódica (anual en el caso de la categoría de ingreso y bianual para las siguientes) de informes en los que el investigador da cuenta de su labor científica, de formación de recursos humanos y de transferencia desarrollados durante el período que se informa. Los informes son evaluados anualmente por comisiones de pares. En síntesis, el sistema de ingreso y permanencia en la CIC del CONICET cuenta con los estándares locales más altos conocidos. Si se aspira a “ñoqui”, luego la CIC del CONICET no luce como el mejor lugar donde lograrlo.

Quienes quedaron afuera de la CIC producto del sustancial recorte presupuestario son entonces profesionales altamente calificados; probablemente de los mejores formados y entrenados de nuestra sociedad en la franja etaria en que se da el ingreso. La situación es particularmente injusta cuando se toma en cuenta que las comisiones evaluadoras recomendaron el ingreso de los alrededor de 500 profesionales que no fueron incorporados. Fue el presupuesto, o la falta de él, lo que les impidió el ingreso; no su desempeño académico.

201703 Opiniones infundadas injustas y contrarias al interes nacional 2

Inversión

La evidencia disponible indica que el desarrollo de los países, lo cual incluye la reducción de sus niveles de pobreza, está sostenido por la inversión en ciencia. En otras palabras, los países se desarrollan porque invierten en ciencia, y no al revés. Más allá de los ejemplos clásicos que brindan los países de Norteamérica y Europa, un artículo en la prestigiosa revista Nature destaca que países asiáticos como Corea del Sur, China e India crecieron rápidamente en los últimos años gracias a sus apuestas a la ciencia.

Durante el período 2005-2014, Israel lideró la inversión mundial, destinando 4,21% de su Producto Interno Bruto (PIB) a la materia. Detrás de Israel siguen el mencionado Corea del Sur con 4,15% y Japón con 3,47% del PIB. Todas las fuentes consultadas muestran que Argentina destina menos de 1% de su PIB al rubro. Estos porcentajes dan idea acerca de cómo los países distribuyen sus ingresos; más aún, permiten inferir si en verdad los distribuyen o concentran en unos pocos sectores de su economía. Una reducción en el presupuesto de ciencia sugiere que se hace lo segundo.

La investigación científica brinda conocimiento y éste no puede más que dar soluciones. Varios de nuestros problemas son idiosincráticos y requieren por tanto soluciones locales. La generación de conocimiento propio hace a la dignidad e independencia de los países. Lo central acerca de la valoración de la actividad científica es, sin embargo, que la ciencia es un bien en sí mismo. No es la primera vez que la ciencia y sus hacedores son agraviados en Argentina. Las consecuencias han sido siempre negativas y no hay razón para anticipar que serán distintas en esta oportunidad. Muchas de nuestras frustraciones colectivas son hijas de ese maltrato.

CONICET y UNLPam

El INCITAP, Instituto de Ciencias de la Tierra y Ambientales de La Pampa, es una unidad ejecutora que funciona en Santa Rosa. En su sitio digital www.incitap.conicet.gob.ar se encuentra información detallada sobre líneas de investigación, proyectos financiados por el CONICET u otras instituciones, el listado de 24 becarios y 22 investigadores (entre ellos el columnista de esta nota José Hierro), libros, artículos de libros, congresos y reuniones científicas, etcétera.

El INCITAP, organismo oficial dependiente del CONICET y de la UNLPam, está vinculado a investigadores y becarios de las facultades de Exactas y Naturales y de Agronomía. Otra dirección digital es: www.unlpam.edu.ar/investigacion/incitap

Las otras unidades académicas de la UNLPam también tienen docentes e investigadores que pertenecen a la planta del CONICET: uno es de Ciencias Económicas y Jurídicas, 12 de Ciencias Humanas, tres de Veterinarias y cuatro de Ingeniería. (Nota de la R)

*José L. Hierro es Investigador Independiente CONICET. Profesor Adjunto UNLPam