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ENTREVISTA A LA PSICÓLOGA MARÍA ALEJANDRA WEIGEL

No fue un cuento chino. No hubo fantasía ni leyenda. Fue un virus que, en cuestión de semanas, expuso nuestra vulnerabilidad como seres humanos. A casi dos años de la rutilante aparición mundial del Covid-19, aún no están del todo claras las consecuencias y efectos sobre cada persona y la comunidad. María Alejandra Weigel es licenciada y profesora en Psicología, con un posgrado en Atención Primaria de la Salud de la Facultad de Medicina de La Habana, Cuba. Vive y trabaja en Santa Rosa. Y respondió algunos interrogantes que nos movilizan y desafían: trabajo, salud física y mental, individuo y sociedad.

El Covid-19 nos llenó de preguntas. Acostumbrados a tratar situaciones puntuales, qué pueden decir sobre esta especie de tsunami, desde el punto de vista de la psicología, sus profesionales. ”Podemos pensarlo así –dice Alejandra–: mientras el tsunami es una catástrofe natural, la pandemia es una catástrofe humanitaria. Las naturales frecuentemente son anticipadas, predecibles; se evalúan víctimas, daños físicos, psicológicos, daños económicos y otros (capital educativo, cultural, recreativo, creativo, de participación social, etc.). Pero la pandemia es distinta y junto al ASPO, única medida confiable para evitar contagios, su impacto profundo en los vínculos afectivos, laborales, sociales y económicos aún hoy está estudiándose desde diferentes disciplinas para arribar a conclusiones firmes”.

El miedo

La pandemia encendió las alertas de psicólogos/as porque llegó sin aviso y trastocó la vida cotidiana, con el miedo como sentimiento dominante. Quienes se encontraban en tratamiento psicológico pasaron incertidumbre y temor por la interrupción del proceso terapéutico, en algunos casos de pacientes con situaciones graves como ideaciones suicidas, ideación homicida, trastornos alimentarios, violencia de género, consumo de sustancias adictivas y otros. “De igual manera los responsables de esos procesos terapéuticos nos vimos en la urgencia de diseñar dispositivos virtuales para contener y continuar la atención psicológica”.

 

"Resultó preocupante y llamativo que en las primeras fases del ASPO, las y los psicólogos no fuésemos considerados personal esencial.”

 

"Resultó preocupante y llamativo que en las primeras fases del ASPO, las y los psicólogos no fuésemos considerados 'personal esencial'” –observa Weigel–. Aun cuando se tratara de trastornos graves que requerían intervención presencial, no tenían permiso para circular. “No nos es desconocido en la historia de nuestro ejercicio profesional el rol hegemónico de la medicina y sus especialidades, que dejan a la salud mental un espacio menor, con menos recursos y separada del abordaje integral que deben tener este tipo de emergencias”, remarcó la profesional.

– ¿El impacto psicológico y emocional es sobre cada persona y luego se proyecta sobre la comunidad o es al revés?

– Impacta en la subjetividad de cada persona. Los miedos, que son inherentes a nuestra afectividad, también se masifican por procesos de identificación entre las personas y por el rol que ocupa la información que circula. La hiperconexión a las redes, más los medios masivos de comunicación, provocaron que se consuman desde falsas noticias hasta estadísticas tendenciosas que profundizaron los miedos e incertidumbres propios de lo desconocido de la pandemia. Esos miedos, sumados a perder el control sobre nuestro proyecto de vida, están en la base de nuestra vulnerabilidad; algunas personas cuentan con recursos emocionales y vinculares para soportarlo, pero otras se encontraron en soledad o problematizadas para enfrentar las vicisitudes de la pandemia.

Hábitos individuales y sociales

Para Alejandra los mensajes de cuidado fueron claros, de fácil comprensión y la gente tuvo, en general una respuesta rápida y positiva. Episodios lamentables, oscuros, como la quema de barbijos no encontraron gran aprobación en una población impulsada por el deseo de vivir, de estar bien y cuidarse. “Hoy –agrega– ponemos en práctica espontáneamente esos hábitos de protección, especialmente en las instituciones, empresas, comercios”.

En este momento, se ve un retorno a conductas y formas sociales conocidas. Un ejemplo es la escuela: mantiene su tradicional formato (horarios, recreos, varios docentes y asignaturas), brinda presencialidad plena e incorporó como recurso didáctico permanente las plataformas educativas virtuales. A la vez hay protocolos sanitarios y procesos pedagógicos ciclados para recuperación de contenidos. Es un claro ejemplo de combinación de recursos tradicionales con estrategias y hábitos que vinieron con la pandemia, posiblemente para quedarse.

– La pandemia y la vacunación son globales. ¿Es una ventaja o una desventaja?

– La vacunación aportó tranquilidad, se apoya en pilares como el derecho a la salud y la igualdad. En nuestro país es gratuita para todas/os y, hasta ahora, segura; disminuyó los contagios y descomprimió el sistema de salud pública. También habilitó el retorno a la presencialidad laboral, formal e informal. Sin embargo todo parece indicar que la pandemia es global pero no la vacunación. En promedio, en América Latina y el Caribe, un 39% de la población cuenta con esquema completo de vacunación. Si bien países como Chile y Uruguay superan el 70%, 25 de los 49 países y territorios de la región no sobrepasan el 40% del total de su población con esquema completo de vacunas. (Datos CEPAL y OPS, octubre 2021). Al personal de salud nos interesa su análisis para no perder de vista los aspectos epidemiológicos y su relación con la desigualdad social y económica: no hay una sola pandemia, ni hay una única estrategia de vacunación, el contexto político y económico son variables necesarias para su tratamiento. 

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Una consecuencia preocupante de la pandemia fue el incremento del consumo de medicamentos.

Indicios del malestar

Dos datos llaman la atención: crecieron las consultas psicológicas y aumentó el consumo de medicación. “Es altamente preocupante cómo se extendió el consumo de tranquilizantes, ansiolíticos e hipnóticos –observa Weigel–. Muchos de ellos, especialmente los derivados de benzodiazepinas (alprazolam, bromazepam, clonazepam, lorazepam, entre otros), son adictivos, se requieren estrategias y mucho tiempo para dejar de consumirlos y tolerar la abstinencia. Otro efecto indeseado de estos medicamentos es que inducen estado de ánimo deprimido, más ansiedad y con el paso del tiempo también pueden provocar deterioro cognitivo”.

Los motivos para las consultas parten de problemas de ansiedad, miedo y ataques de angustia. Advierte que “cualquier emergencia implica perturbación individual y social que puede exceder nuestra capacidad de afrontarla y de generar respuestas esperadas ante lo inesperado; reacciones de nuestros cuerpos, de nuestros sistemas psicológicos ante el contexto, y es importante no psicopatologizarlas. Pueden ser síntomas físicos (temblores, dolor de cabeza); llanto, tristeza, decaimiento; ansiedad, miedo; estado de alerta, nerviosismo; ataques de pánico; insomnio, pesadillas; irritabilidad, culpa, estado confuso y sensación de irrealidad, entre otros. Si bien el 80% remite después de la situación crítica, una parte significativa necesita ayuda a tiempo y eso mejora su evolución”.

Atención primaria en Salud Mental

La pandemia puso de manifiesto que la salud mental requiere atención, inversión, capacitación y disponibilidad de recurso humano para acompañar la mitigación de las secuelas en la población. Según datos de la Subsecretaría de Adicciones y Salud Mental, alrededor de dos mil personas fueron atendidas y orientadas por operadores y profesionales a través de la línea 136 para personas en crisis. “Está comprometido el bienestar de la población y se necesita integridad psíquica para garantizar el cumplimiento del derecho a la salud mental –apunta Alejandra–. Principios como la descentralización, vinculación con la comunidad y modificación de las prácticas, hoy deberían estar más vigentes que nunca. Se debe garantizar a su vez el cuidado del principal eslabón de la salud mental: los recursos humanos”.

Con el desarrollo de la pandemia el área de salud pública de la provincia reconoció la importancia de los aspectos emocionales, el impacto negativo de las situaciones de aislamiento, la necesidad de trato humanitario de pacientes y familiares en los casos de fallecimiento, y hasta se elaboró un manual de orientaciones para mejorar el abordaje en el sentido de integrar la afectividad y se lograron cambios en los procedimientos para personas internadas. No obstante, sigue siendo una gran dificultad la integración de la salud mental en la atención primaria de la salud, ya sea por motivos financieros, por escasa formación de médicas/os y enfermeras/os en este tipo de padecimientos, o por falta de mayor cantidad de psicólogos.

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La salud mental no fue una prioridad en un primer momento , pero con el tiempo se empezó a dimensionar su centralidad por el impacto de la pandemia en las personas y la sociedad.

El universo laboral

Nuestra vida laboral sufrió el impacto. Del trabajo presencial al teletrabajo, de la tarea en equipo a la soledad del hogar, de la no presencia en el hogar a la presencia permanente, con toda la familia. Y en muchos casos pérdida de puestos, mayor precariedad, menos ingresos. Y eso en el universo del trabajo formal.

– ¿Se pueden sacar conclusiones globales sobre los efectos en la psicología personal como trabajador/a o todavía es muy aventurado?

– Quizás es pronto para sacar conclusiones, es muy amplio el universo de situaciones particulares. La pandemia acentuó la desigualdad social y económica, profundizó la vulnerabilidad de los sectores informales de la economía y en el otro extremo algunas grandes empresas han facturado en 2020 más que en años previos.

El teletrabajo al principio tuvo valoración positiva, era un alivio no ir al lugar de trabajo, pero con el paso de las semanas produjo agotamiento por la combinación con el cuidado de niñas, niños y adolescentes y de las tareas domésticas, especialmente en las mujeres. Aparecieron sentimientos de culpa o de insatisfacción porque parecía que el trabajo estaba incompleto sin la comunicación y colaboración que brinda el grupo, lo institucional. Se trastocaron las rutinas. El teletrabajo hizo que muchas personas lo hayan sentido como una jornada laboral extensa, que incidió en los ritmos vitales de alimentación, descanso, recreación, sueño.

La precariedad en las condiciones laborales y la disminución de los ingresos son fuentes de inestabilidad y debilidad psicológica y anímica para cualquiera, si le sumamos el aislamiento y el sentimiento de miedo tenemos una combinación que profundiza la vulnerabilidad, aunque las medidas que el gobierno nacional tomó en política laboral (sobre despidos, indemnizaciones, etc.) créditos, apoyo económico a las familias vulnerables, hayan acompañado positivamente.

 

"... sigue siendo una gran dificultad la integración de la salud mental en la atención primaria de la salud, ya sea por motivos financieros, por escasa formación de médicas/os y enfermeras/os en este tipo de padecimientos, o por falta de mayor cantidad de psicólogos."

 

– La pandemia dejó secuelas de fallecimientos y físicas. ¿Va a dejar secuelas también psicológicas y/o emocionales?

– Los duelos son procesos psicológicos que pueden tramitarse sin dejar secuelas emocionales que compliquen la vida de relación o laboral. Por un tiempo pueden continuar sentimientos de tristeza, culpa, interrogantes, pero si existe una base afectiva saludable e integrada de la persona que lleva el proceso de duelo, no tendría por qué enfermar. Lo mismo podríamos pensar de otras secuelas, depende del punto de partida individual, familiar y comunitario. Si había indicadores de vulnerabilidad psicosocial previos, es probable que lleve más tiempo elaborar las secuelas de la pandemia. No son pocos los trastornos mentales presentes en todas las sociedades, con o sin pandemia.

– Está clara la influencia de los medios y las redes sociales a favor y en contra de estrategias de cuidados y aun de la vacunación. ¿Es posible medir sus consecuencias?

– El impacto es muy significativo, especialmente porque tantos medios de comunicación están en manos de pocas empresas que, además, son afines a discursos que privilegian la acumulación de capital y la especulación financiera por encima de la salud y la vida. Es difícil tomar distancia de esos discursos (antivacuna, antiaislamiento y en general opuestos a cualquier medida sanitaria o económica del gobierno) cuando vienen desde tantos frentes. Muchos medios y las redes ocultaron y ocultan cuál es la situación en otros lugares, impidiendo de esa manera visualizar nuestra situación por comparación con países europeos y de nuestra región. Es verdad que la mayor parte de la población se ha vacunado, aunque falta inscribir a un tercio de los niños en nuestra provincia; ese dato no es menor, se debe al miedo. El mismo miedo no lo tenemos respecto a otras vacunas. También el diseño y ejecución de la campaña de vacunación fue objeto de descalificaciones y dudas que circulaban en los medios y redes. Sin embargo, la fortaleza del sistema de vacunación y del personal de los vacunatorios es indiscutible.

Al cierre, Alejandra Weigel deja una reflexión: “Nuestra subjetividad no depende únicamente de factores intrapsíquicos: el trastrocamiento de legalidades y verdades, necesidad de justicia, regulaciones políticas, sociales y culturales que articulan nuestros proyectos vitales, generan padecimiento psíquico. Por eso es fundamental avanzar en fortalecer las políticas de salud mental”.