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INDUSTRIA FRIGORÍFICA PAMPEANA

La industria frigorífica pampeana ha atravesado distintas etapas, algunas de fuerte desarrollo y otras de retracción significativa, tanto que produjo el cierre de establecimientos y la pérdida de puestos de trabajo. En este trabajo se sintetiza la compleja trama desde los años 70 hasta la actualidad.

Publicada en octubre de 2014

Históricamente los establecimientos frigoríficos se localizaban próximos a los centros de consumos masivos y a los puertos exportadores, debido en particular a las dificultades para conservar la carne faenada para que llegue a los consumidores en buen estado. Los primeros frigoríficos se crearon con carácter de “mataderos municipales” y se instalaron en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires y del Gran Rosario.

Desde sus orígenes la industria se caracterizó por su veta exportadora.  Estos frigoríficos disponían de la tecnología de refrigeración necesaria para producir carnes curadas o saladas, para luego enviarla a Estados Unidos y a la manufactura. Los costos y la falta de tecnología para conservar los productos elaborados hicieron del transporte vivo del animal en camiones o ferrocarril casi la única forma de traslado. Este panorama cambió a partir de los '70 con la introducción de los primeros camiones refrigerados, lo que permitía la instalación de plantas frigoríficas más próximas a zonas productivas ganaderas, y la distribución de los productos elaborados a mayores distancias. En este contexto se instalaron los primeros frigoríficos pampeanos apadrinados por la ley de promoción industrial 274/61.

Los frigoríficos en la provincia

En la actualidad La Pampa cuenta con 10 establecimientos frigoríficos de faena de ganado vacuno aunque no todos están en funcionamiento. Existen establecimientos de faena de caprinos o liebres, en Santa Isabel y General Pico respectivamente. En 2009, año de mayor faena registrada, estos establecimientos emplearon directamente más de 1.500 trabajadores. Los frigoríficos pampeanos faenan el 2% del total de los vacunos  del país y son responsables de una importante cadena comercial que incluye a productores agropecuarios, transportistas y gran cantidad de comercios minoristas.

201410 2 Crisis y desafios en la actualidad

Instalaciones abandonadas del frigorífico ubicado en Toay.

De estos establecimientos, cuatro cerraron sus puertas en los últimos cinco años y los restantes cuentan con ayuda del gobierno nacional para el pago de salarios a través del programa de Reconversión Productiva (REPRO), que beneficia a empresas en crisis. En 2009, el frigorífico INDECO cerró su planta en Toay. En 2008, el frigorífico Pampa Natural dejó de operar en Speluzzi, y el punto máximo de crisis fue a fines del 2011 cuando Carnes Pampeanas dejó de operar hasta mediados de 2012. Finalmente, en diciembre de ese año, el frigorífico de faena equina Uriburu también anunció su cierre y quiebra. Durante 2012 la actividad empleó la menor cantidad de mano de obra de los últimos años.

Las causas de las crisis

La Pampa no escapa a la realidad de la industria frigorífica nacional. Las causas de la crisis son múltiples y estrechamente vinculadas con las características propias de la actividad ganadera, con factores político-económicos y con cuestiones climáticas que derivaron en una importante merma en la cantidad de ganado (especialmente bovino) disponible para la faena.

Una de las grandes limitaciones de la actividad frigorífica es su estrecho margen de rentabilidad unitario. Esta industria se caracteriza por ser intensiva en mano de obra calificada así como por una alta incidencia del costo de la materia prima (cabeza de ganado) en el costo del producto final. A su vez, durante los últimos años han aumentado los controles por cuestiones fitosanitarias, que obligan a los establecimientos a realizar mayores inversiones en infraestructura para garantizar condiciones sanitarias básicas para la calidad e inocuidad del producto final. En síntesis, para ser rentable, se necesita faenar una importante cantidad de cabezas de ganado.

A los problemas estructurales se suma el avance del cultivo de soja en toda la región pampeana, lo que desplazó tierras tradicionalmente dedicadas a la cría y engorde de vacunos. En La Pampa este proceso se vio fuertemente incrementado por una profunda sequía durante 2008, que obligó a los productores a deshacerse de ganado, llegándose a “la faena de vientre”, lo que generó una profunda crisis ganadera de disponibilidad de bovinos en el largo plazo. Por eso la recuperación del stock tiende a ser lenta.

Desafíos y potencialidades

La tendencia a la crisis parece ir revirtiéndose desde 2013. Los gobiernos provinciales y nacional han manifestado particular interés en la defensa de las fuentes de trabajo de este sector industrial. En 2012 se intervino activamente, para evitar el cierre del emblemático “Carnes Pampeanas”, y a mediados del mismo año, la cadena de supermercados “La Anónima” adquirió la planta de Speluzzi “Pampa Natural”, reiniciando la faena. En junio de 2012 se autorizó la creación de la cooperativa “Frigorífico Uriburu” para que los trabajadores y sus familias recuperasen la planta y la reactivaran.

Si bien el sector frigorífico sufre problemas estructurales, nuestra provincia podría beneficiarse del nuevo escenario. Por un lado, la tendencia a la sojización ha desplazado la cría e invernación de hacienda a zonas antes consideradas áridas o poco productivas. Esto podría acercar la disponibilidad de vacunos a los establecimientos, reduciendo costos de traslado. En segundo lugar, la provincia cuenta con la mano de obra calificada requerida, lo cual es un insumo fundamental para el desarrollo y continuidad de la industria.

Cooperativismo como alternativa

El intento de recuperación del Uriburu con la creación de la cooperativa de trabajo no es un caso aislado dentro de la industria. El ex frigorífico Sadowa de Mar del Plata y el ex frigorífico Marcos Paz son sólo algunos de los casos testigo. Con los recientes cierres de los frigoríficos cordobeses los trabajadores se enfrentan al desafío de garantizar la continuidad de sus fuentes de trabajo. En una economía capitalista la rentabilidad es uno de los indicadores fundamentales para determinar la continuidad de la empresa pero una economía alternativa, basada en otros principios de solidaridad, también es posible. Esto no significa que la empresa no tenga que ser sustentable, sino que la rentabilidad no necesariamente es el único fin. Pero para que funcione, los trabajadores deben asumir la responsabilidad de su propia fuente de trabajo. De trabajadores pasarán a ser dueños copropietarios y con ello responsables de los aciertos y desaciertos que como empresa cooperativa asuman.

*Bárbara Medwid es Magíster en Políticas Comparadas y Profesora de Economía Política – UNLPam

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