Nuevo 1° de Octubre es una publicación mensual y gratuita de la CPE.
CUENTO DE GUILLERMO GAZIA. DE LA COLECCIÓN “LA PAMPA LEE”

Sí señor. De los chicos de la barra soy el más curioso. Los demás me cargan a veces y me dicen qué hacés detective, cuando les cuento que el coso ese anda en algo raro. Por ejemplo, cuando les dije que el marido de la verdulera no trabajaba como mi papá o el papá de los demás pibes del barrio que trabajan de día y vienen temprano a casa y después se van a jugar a las barajas al club o se sientan a tomar fresco en la vereda o se ponen a regar las plantas del patio. Seguro que el coso ese anda en algo raro, les dije.

Pero después resultó que el marido de la verdulera trabajaba de sereno en la Municipalidad y de día dormía. Pero le juro que igual le voy a contar la verdad, señor.

Mire:  para que sepa y me crea, le digo que a mí me gusta investigar lo que hacen los demás, no los demás chicos, seguro, sino la gente grande, porque a todos los chicos los conozco al pelo, menos al flacucho ese de la casa de dos pisos, porque la estirada de la madre no lo deja jugar con nosotros en la calle y se lo pasa llamándolo todo el día ¡Raúl Ariel vení adentro! ¡Raúl Ariel vení a comer! ¡Raúl Ariel vení a hacer la caca! (como si el flaco fuera a hacer caca cuando la madre tuviera ganas).

Así por ejemplo yo sé que Mendoza, el sargento de policía de a la vuelta, hace cuatro meses que no cobra porque la señora se lo dijo el otro día al almacenero, espéreme otro mes don Jesús, que ahora sí es el último mes y el gallego roñoso le contestó por qué no le piden plata a Perón que yo al mayorista le pago al contado y la pobre mujer se fue llorando y le contó al marido –viejo -le dijo- no me quiere fiar más y Mendoza agarró y casi lo mata al español. (Fue cuando el Cacho aprovechó el entrevero y se afanó un paquete de caramelos de un kilo y catorce mangos en monedas que estaban arriba del mostrador.)

Yo le digo todo esto para que sepa que no se me escapa nada y que le digo la verdad, señor. Y si quiere llámelo al sargento Mendoza para que vea si no es cierto que don Jesús aflojó después de la paliza y ahora le fía de nuevo.

Pero usted quiere que le cuente del Rubio. El Rubio no se llamaba el Rubio.  Le decían así por el pelo, nada más. Yo era muy amigo de él. No trabajaba en nada, digo en nada así como usted o mi papá que entra a las ocho, sale a las doce, entra a las tres y sale a las siete. El Rubio trabajaba a cualquier hora. Entraba leña, hachaba, arreglaba las canillas, entraba ladrillos, barría la calle a veces y se la pasaba casi todo el día en la Estación con los changadores. A mí me quería mucho. Cuando pasaba me revolvía el pelo y me decía adió lindo. Siempre andaba con saco, un saco reviejo y medio sucio, pero siempre con saco. Tenía un cinto azul y amarillo que se lo regaló don Lucas porque don Lucas era de River.

No era viejo el Rubio, era más o menos como usted, señor Comisario.

Me sabía contar historias de no sé dónde, de Polonia, me parece que me dijo. No le vaya a contar a nadie pero me dijo un día que allá había enterrado dos ametralladoras, de esas de en serio, para después venderlas. Pero después se vino porque perdió la guerra. Hablaba todo atravesado. No decía enterrado, decía entegado.

Ahora que me acuerdo, el señor Potasky también hablaba atravesado, pero no era rubio. Tenía el pelo blanco y la nariz ganchuda y nosotros le gritábamos cuatrochi porque usaba anteojos. Al señor Potasky no lo quería nadie en el barrio porque tenía mucha plata y mi papá decía que era busurero o algo así. Vivía solo al lado de mi casa y la señora Rodríguez le dijo un día a mi mamá el judío Potasky se hace la comida en una lata y guarda el queso en el ropero.

Sí. Si ya le dije que vivo al lado de lo de Potasky ... ¿Y a qué vine? Resulta que mi papá me andaba mirando medio fiero estos días.

Me parece que sospechaba que yo sabía más de lo que dicen en el barrio y de lo que la señora de Rodríguez le dijo a mi mamá que le había contado la señora del sargento Mendoza que estaba de guardia y fue el que vino a lo del señor Potasky cuando mi papá llamó a la policía aquella noche.

Porque en el barrio dicen que nadie se explica cómo puede ser que los dos hombres estuvieran muertos a puñaladas y no encontraran los cuchillos por ninguna parte, que seguro que los mató otro y se escapó y los milicos no saben para dónde agarrar y en el diario decía que nadie había escuchado nada esa noche y era un misterio. Y la señora del sargento Mendoza dijo en la verdulería por la posición de los cuerpos se pelearon entre ellos, pero el cuerpo del delito no aparece. Pero eso le juro que yo no lo tengo, señor.

Yo estaba en el tapial esa noche, señor comisario, porque quería ver sí era cierto que el señor Potasky cocinaba en una lata. El Rubio estaba terminando de hachar la leña del cuatrochi. A mí me extrañó que el Rubio estuviera hachando leña del señor Potasky, porque nunca compraba y faltaba bastante para el invierno, pero me quedé quietito arriba del tapial para que no me viera el Rubio porque me daba vergüenza. Y en eso terminó de hachar y se fue para la puerta del patio y le pegó el grito al anteojudo.

Y el señor Potasky apareció en la puerta y se paró.

Parecía distinto el señor Potasky. Estaba más alto, más derechito y agarró y le mostró al Rubio algo que tenía en el pecho. Le dijo unas palabras raras que no entendí pero me parece que Polonia y jer capitán y te acordás, mientras sacaba un cuchillo largo y se reía.

El Rubio se puso colorado y me parecía que iba a llorar y por ahí se cuadró como los soldados y levantó el brazo como cuando la maestra nos hace tomar distancia. Pegó un grito y también sacó un cuchillo del bolsillo del saco y le dijo perro judío y se le fue encima, chocaron y entonces se cayeron.

Lo que más me asustó fue el ruido de los cuchillos cuando cayeron en la baldosa.

Así fue, señor Comisario.

Los cuchillos los tengo enterrados en el patio de mi casa. Los iba a vender, pero se los traigo. ¿Voy?

* Guillermo Gazia nació en Trenel en 1938. Periodista y director de teatro, ha creado y dirigido numerosos grupos en Santa Rosa. Como autor, algunos de sus poemas, cuentos y obras breves de teatro, han recibido premios en certámenes provinciales y regionales. Falleció en 2009.