El cacique ranquel Yancamil fue hecho prisionero en 1885 y trasladado a la isla Martín García. Rudecindo Roca, gobernador del Territorio de Misiones, usaba prisioneros como mano de obra esclava en sus propiedades. Así llegaron al lugar Yancamil y su gente hasta que escaparon al Paraguay. El historiador de Provincia de Misiones, Julio Cantero, accedió a un expediente, que recupera la historia de Yancamil en ocasión de su sublevación y fuga del ingenio azucarero de Campo San Juan, en la localidad de Santa Ana.
Publicada en abril de 2011
Tras citar testimonios de viajeros como E. Holmberg y F. Basaldua que confirman los negocios de Roca y la utilización de indios cautivos, el documento detalla los hechos del 23 de junio de 1888, recopilando testimonios que fueron registrados de puño y letra por el Juez de Santa Ana, José Mujica. Algunos de sus fragmentos son los que siguen.
“Entre los indios pampas reinaba el descontento por el maltrato al que eran sometidos por Jordán [Hummel, el administrador o ‘mayordomo’ del Ingenio], muy especialmente por haber puesto a trabajar a las mujeres en el corte de caña; también en la tienda del establecimiento se cometían estafas adulterando pesos y medidas”. Yancamil le había expresado su descontento a Esteban Daneri, diciendo que esperaba el momento en que estuviera presente el Gral. Rudecindo Roca para poner en su conocimiento todo el maltrato proferido por el administrador. Un testigo afirma que “otra causa de la sublevación ha de ser la falta de algunos alimentos y sobre todo el hacer trabajar a las mujeres según manifestó al declarante el mismo Melideo".
En las primeras horas el indio Juan Centeno tuvo aviso de parte del indio Huincá que ese mismo día habría una sublevación. Centeno no se sumaría; al contrario avisó a la mujer del administrador, a algunos empleados y a Hummel “pero éste no lo toma en serio”. Cerca del mediodía un empleado advierte que los guardias del establo habían sido reducidos y despojados de sus armas. A las 12, los pampas se alzaron, y con sus machetes de cortar caña, lanzas, boleadoras y palos tomaron las dependencias del ingenio.
El testimonio de Juana Fernández describe que “salían todos estos en grupo numeroso armados de palos, cuchillos y machetes, dando espantosos gritos dirigiéndose a las poblaciones ocupadas por el negocio y el mayordomo, llegaron a la casa de Jordán, donde estaba su mujer e hijos y el peón Gabriel Florentín, entraron y los tomaron”. Otros testigos fueron el herrero Patricio Salas, Anastasio Valdez, Cirilo Ríos y Arthur Kirschner quien observó “cómo saqueaban el negocio y las habitaciones de Daneri y del Gral. Rudecindo Roca”.
“Francisco Estrada salió con un grupo de peones, tomó una carabina y disparó a la cabeza del grupo de indios que conducía prisionero al capataz Cirilo Ríos, quiso repetir el disparo pero la carabina no funcionaba. Guillermo Almeida abre las puertas del negocio y es invadido inmediatamente por un numeroso grupo de indios armados capitaneados por Simón, hermano de Yancamil”.
Juan Chavanne vio que “un grupo de indios armados con machete se dirigían por la bajada que da al río donde se apoderaban de la canoa y los vaporcitos anclados frente al embarcadero” y huyó al cañaveral. Ignacio Borja “cuenta que a la una de la tarde oyó un tiro y al salir a la puerta se encontró con un grupo de indios armados capitaneados por Yancamil”.

Ingenio azucarero de Campo San Juan, en la localidad de Santa Ana, provincia de Misiones.
“Juan Centeno buscó y encontró a Jordán y le manifestó que era su amigo y que como tal pelearía a su lado, lo acompañó al depósito de la locomotora de donde fueron repelidos. La compañera de Jordán narra que momentos después que éste saliera para la fábrica ya advertido, se presentó en su casa un grupo numeroso encabezado por Yancamil pidiéndole a gritos que les entregara las balas que había allí. La mujer abrió todos y cada uno de los baúles para que vieran que no había balas. Encerrada, vio como los indios con Yancamil a la cabeza sacaban y se distribuían los Remington y machetes. Presenció también cuando los primeros se embarcaban en la canoa y vaporcitos “Huascar y Fénix”.
Juana Fernández se había encerrado. Entró Yancamil quien exigía que se les entregaran las balas guardadas en el altillo. El testimonio de Juana en el sumario dice: "asegurándole Yancamil a la declarante que a ella personalmente no le sucedería nada porque era a Jordán y a Esteban a quien querían encontrar" (folio 31). Los indios se apoderaron de ropas y elementos que encontraban a mano "mientras Yancamil con su machete levantaba la puerta del altillo, entonces bajo amenazas hizo entrar a un hijo de Juana, llamado Anselmo, al altillo para que le pasase todas las balas que había”. Luego son sacados a los empujones al patio “allí se encontró con la mujer de Jordán a quien también llevarían prisionera y al peón Ignacio Borja que estaba atado con las manos en la espalda”.
“Como media hora después de haber zarpado aguas abajo los vaporcitos, los indios emprendieron marcha en la misma dirección llevándose rehenes”. “Guillermo Almeida encuentra en la fábrica encerrados y temerosos a Jordán y los peones, estos observaban desde ahí el saqueo del negocio; presenció también cómo Yancamil llevaba preso a Cirilo Ríos y luego a la mujer e hijo de Jordán, luego desde la fábrica súbitamente desapareció Jordán, había escapado por entre los cañaverales, no volvería sino hasta el día siguiente”.
Una hora después de iniciada la sublevación, a eso de las dos y media de la tarde, los sublevados que no habían embarcado en los vaporcitos fueron caminando por la costa en dirección a lo que es "conocido por puerto Alves, llevándose prisioneras a la mujer e hijo de E. Daneri, a la mujer e hijo de Jordán, a la mujer del peón Antonio Barbosa y al peón de la bomba Ignacio Borja.”
Emprendieron camino a un monte donde se detuvieron por primera vez. Juana Fernández "pudo observar a pesar de estar separada y con centinela, que los indios que tenían armas fueron colocados por Yancamil en varios puestos a manera de centinelas, mientras que las canoas embarcaban indios para pasarlos al frente, a la costa paraguaya, donde ya habían arribado las dos embarcaciones que transportaron la mayor parte de los fugados”.
Luego la canoa regresa a la costa argentina y embarcan aproximadamente veinte indios. Cuando vuelve a partir, Yancamil ordena ponerse de nuevo en marcha hasta otro monte más espeso “volviendo a hacer alto allí y una vez más embarcando otros veinte i tantos indios”. "Los que quedaban de este lado, siempre con Yancamil a la cabeza como jefe, emprendían de nuevo la marcha por la misma costa, hasta dar tiempo a que regresara dicha canoa”.
“Cuando los indios sublevados se habían ido, vino a las poblaciones y la fábrica el sargento de policía del distrito D. Nemesio Cepeda, comisario de Santa Ana, encontrando las puertas rotas y todo en el más completo desorden. El sargento Cepeda y el peón Remigio Silva se dirigieron al lugar donde se suponía debían estar los indios para rescatar a los prisioneros, serían las tres de la tarde cuando la policía llegó al monte. Yancamil los vio y ordenó le dispararan, siendo él mismo el primero en disparar, hirieron a uno de los perseguidores pero en sus filas cayó muerto el indio Lincon. La policía se retiró con su herido y los indios cruzaron el último contingente cerca de las nueve de la noche.”
Los cautivos y cautivas fueron dejados en la costa argentina, desde donde regresaron al ingenio todos ilesos. Toda la tribu de Pampas se había fugado del ingenio del General Rudecindo Roca.
*José Carlos Depetris es historiador
