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CACHO EVANGELISTA RECUERDA SU RELACIÓN DE AMISTDAD Y MUTUO RESPETO CON UN ÍCONO DE LA CULTURA PAMPEANA

Uno va dejando cosas en el camino, algunas veces voluntariamente, otras porque así se van dando nomás, sin siquiera haber intervenido en ellas. Entre los asuntos pendientes que me acompañan, está el no haber fomentado y cultivado más profundamente la relación personal con “Cochengo” Miranda, alguien en quien cada vez que pude tratarlo vi una actitud de verdadera ofrenda de su amistad para conmigo. Amistad la suya, por otro lado, que siempre se me figuró llana, despojada, muy generosa y franca.

 Esa ofrenda amical, que se repetía cada vez que nos encontrábamos en algún sitio –generalmente en Santa Rosa, donde resido–, llevaba siempre explícita una invitación a su casa, el puesto "El Boitano", en las lejanas soledades del extremo noroeste de La Pampa.

—¿Cuándo va a ir por allá?, me preguntaba “Cochengo” casi como una consigna, y obtenía de mí sólo una ambigua promesa, en una respuesta que si bien tenía el tono de una formalidad, era sincera y respondía a razones verdaderas –quizás parciales, pero ciertas al fin–, como eran las dificultades de tiempo, económicas y de oportunidad por mis compromisos laborales, que me impedían ir a aquel lugar tan distante –unos 400 kilómetros– de Santa Rosa.

  —¡En cuanto se dé la ocasión armamos viaje y nos aparecemos en el puesto a visitarlo!, era la respuesta recurrente, palabras más, palabras menos. Y la cosa quedaba ahí.

001. Encuentro en S Rosa en casa de Ángel Aimetta1994 Cochengo le recuerda a C. Arenas que lo espera en su puesto El B copia

Encuentro en Santa Rosa, en casa de Ángel Aimetta,1994.

Primera visión

En nuestra casa de la calle Sargento Cabral al 300, en la que vivía con mi familia desde 1971, en el año 1974, cuando Jorge Prelorán estaba en plena filmación en La Pampa, a su pedido se organizó ante un grupo de intelectuales, periodistas y amigos, una proyección privada de una primera compaginación del film "Cochengo Miranda", una especie de avant premiere del borrador inicial del film. La proyección de la cinta me permitió conocer el rostro y la imagen física de “Cochengo”, protagonista del documental que iba a llevar su nombre como título.

Pasaron los meses, y fue recién el día del estreno del film, el 14 de noviembre de 1975,  cuando me encontré personalmente por primera vez con él y su familia, en su vivienda del puesto "El Boitano". Pero en esa oportunidad, tanto “Cochengo” como su esposa Maruca, estaban sumamente ocupados atendiendo a tanta gente congregada para ver la película, de modo que nuestro contacto fue en cierto modo escaso y fugaz, sin que por ello la familia anfitriona dejara de mostrar su natural hospitalidad para con todos los que estábamos allí presentes. Además yo estuve pocas horas en el puesto, porque debía trasladarme esa misma noche a General Pico, enviado por la Secretaría de Cultura de La Pampa, donde trabajaba.

 003. Cochengo su esposa Maruca y los cinco hijos de ambos en el patio del Puesto El Boitano. Foto de J. Prelorán en tie copia

Cochengo, su esposa Maruca y los cinco hijos de ambos, en el patio del Puesto El Boitano. Foto de Jorge Prelorán, en tiempos de la filmación del documental “Cochengo Miranda”.

Apenas cuatro meses después de aquel inusual acontecimiento en "El Boitano", sobrevino el golpe militar del '76, que nos dispersó a todos; sólo varios años más tarde volvimos a vernos “Cochengo” y yo, en la casa de Ángel Cirilo Aimetta, en Santa Rosa, lugar que él frecuentaba cuando venía a Santa Rosa, y donde tuvimos sucesivos encuentros hasta 1994, dos años antes de su muerte, ocurrida en la capital pampeana.

Cómo lo recuerdo

Lo recuerdo nítidamente en aquellas reuniones familiares en casa de los Aimetta, en la calle Yrigoyen. Él empezaba a ser un hombre mayor, y me viene a la memoria su pequeña voz, algo opaca y suave. Veo su gesto pasivo, su actitud física natural, calma, relajada. Miraba a los ojos al dialogar, pero siempre con humildad. Era callado, observador, y hablaba lo necesario. Era cortés y muy atento, principalmente ante una presencia femenina, aunque ese rasgo le afloraba en todo momento.

En esos encuentros de amigos y allegados, siempre estaba dispuesto para el mate y a hacerse cargo de cebar. Y en esa función, resultaba muy curiosa la forma de colocar entre sus dedos el mate —sin apoyarlo en la palma— cuando cebaba, porque además, quebrando el codo subía y bajaba el antebrazo con un movimiento breve y rápido, como tomando la posición exacta para que la calabaza quedara perfectamente a mano de quien la recibía. A la vez, su mirada se dirigía frontal y firme al destinatario. Siempre me llamó la atención esa forma de ofrecer el mate; parecía un ritual más que una peculiaridad en sus movimientos. Lo pienso ahora, como una suposición, no como una certeza...

008. Cochengo mateando. Foto J. Prelorán. copia

Cochengo mateando. Foto de Jorge Prelorán.

Aquella ofrenda de amistad era su sello, en general poco percibido y apreciado –supongo– y escasamente puesto en consideración por quienes lo tratábamos, si bien conmigo se hizo tan ostensible y explícito que resultaba imposible no advertirlo aún sin ser perspicaz. Esa seña particular fue tan importante en él como otras virtudes que lo distinguían del común de las personas. Él tenía, en todo caso, como otra cualidad; el don de exteriorizar su deseo de confraternizar y de relacionarse sin prejuicios ni temores y sin desconfianza –como la que condiciona a veces la conducta y el comportamiento de la gente urbana–, cosa que pocos saben hacer, probablemente.

007. Las décimas para C. Arenas. manuscritas por Cochengo el 1 de mayo de 1984 en casa de los Aimetta. copia

Las décimas para Cacho Arena, manuscritas el 1 de mayo de 1984.

Cuatro décimas espinela
escritas 
por Cochengo Miranda en 1984

A Cacho, mi buen amigo,
cantor del Este pampeano,
con la guitarra en sus manos
tiene el éxito consigo;
aquella deuda conmigo
cuándo la podrá saldar.
El día ha de llegar
de su importante visita:
si hubiera algo daré cita
para una peña estelar.

Su presencia sería tal,
elocuente y emotiva,
porque inspirado cultiva
un ámbito artesanal;
el anhelo espiritual
lo empeña en realizar
su tarea de llevar
el folklore así adelante;
ha de ganar, si es constante,
el mérito popular.

Lo felicito por esto,
lo reitero y lo aliento;
éxito en todo momento
y en todo lugar honesto,
que sentido tiene el texto
de esta linda poesía,
que impulsa autonomía
para integrarme en su mente:
eminencia excelente,
cariño y armonía.

Cacho: estimo y lo venero
en todo lugar que exista:
fue amistoso a simple vista
y lo hice amigo, lo quiero;
de paso yo le reitero
mis sentimientos cristianos
tan sensibles, tan humanos;
lo digo de corazón
dándole a continuación
un fuerte apretón de manos.

José Miranda (Cochengo
Lo dedico de corazón a Rubén Evangelista
1º de mayo de 1984.


Un escrito halagador

Aquellas tertulias familiares fueron el ámbito que “Cochengo”, eligió para ser más explícito que nunca conmigo en su actitud amistosa, y fue cuidadosamente selectivo en cuanto a la ocasión: ese día de 1984 yo cumplía años, y tuvo la generosidad de escribirme  y  dedicarme  unas  décimas, cuyo  manuscrito –que conservo– me obsequió en medio de la reunión:

Cacho: estimo y lo venero
en todo lugar que exista:
fue amistoso a simple vista
y lo hice amigo, lo quiero;
de paso yo le reitero
mis sentimientos cristianos
tan sensibles, tan humanos;
lo digo de corazón
dándole a continuación
un fuerte apretón de manos.

Fue un regalo sorpresivo, inesperado, de tono halagador... En esos versos él me declaraba su amigo, ponía en juego su condición perceptiva al caracterizarme de un solo vistazo, y ofrecía abiertamente su amistad en un metafórico apretón de manos cargado de simbolismos.

Naturalmente, no desaprovechó la oportunidad para hacerme un nuevo reclamo –esta vez por escrito–, y es así como en la primera de las cuatro décimas, irrumpe con el reproche diciéndome que espera mi visita a su casa, que yo había prometido realizar y en consecuencia era una deuda pendiente:

A Cacho, mi buen amigo,
cantor del Este pampeano,
con la guitarra en sus manos
tiene el éxito consigo;
aquella deuda conmigo
cuándo la podrá saldar.
(......)

Creo recordar que no tuve suficientes palabras para agradecer aquel gesto poético de “Cochengo”, más allá de la formalidad del momento, y es probable que también haya tenido a partir de allí un sentimiento de deuda de gratitud para con él por no haber sabido corresponderle debidamente.

Más de una vez he pensado que debe haber sido algo serio para “Cochengo” que yo nunca fuera a visitarlo en respuesta a su invitación. Pero siempre justifiqué para mis adentros esa falta, con el pensamiento cierto de que tenía verdadera voluntad de ir, y el convencimiento de que la ocasión iba a llegar sola, alguna vez.

Sobrevaloración

En cierta oportunidad me hizo saber que le gustaba y admiraba el trabajo musical y vocal del "Dúo Sombrarena" que yo había integrado con mi amigo cantor y compositor Délfor Sombra, y también halló la forma de manifestar sin demasiada sutileza su respeto artístico por lo que yo hacía individualmente como músico y cantor solista después de la experiencia del dúo. Esto estaba vinculado seguramente a su propia condición de poeta y cantor popular, lo que probablemente lo predispusiera para verme como a alguien un tanto peculiar, en buena sintonía con él por tener afinidades artísticas musicales y ser por ello, en un sentido figurado, “del mismo palo”.

004. Cacho Arenas con Jorge Prelorán y Cochengo Miranda en S. Rosa en 1994. Foto Raúl Fernández copia

Cacho Arenas con Jorge Prelorán y Cochengo Miranda, en Santa Rosa en 1994. Foto de Raúl Fernández.

 Cuando Cochengo me regaló su poesía en décimas, confirmé mis sospechas de que me sobreestimaba como músico y cantor; lo pude advertir también en esa decena de versos del primer pie, en que, con mucha habilidad creativa, había conseguido decir, rimando perfectamente, los atributos que me endilgaba, y que por supuesto excedían en mucho la verdadera dimensión de las cosas. Anunciar allí que llamaría a la gente a una "peña estelar" por mi "importante visita", era para mí, algo simplemente exagerado y alucinante..!

 (......)
El día ha de llegar
de su importante visita:
si hubiera algo daré cita
para una peña estelar.

Ese excesivo sobredimensionamiento de mi condición de músico y cantor, por otra parte, no hacía sino aumentar mi temor oculto –llegada la ocasión, allá en el puesto– de no estar a la altura de las expectativas que “Cochengo” ponía en mí, y que era en el fondo quizás la razón de mayor peso que no me dejaba emprender el camino a "El Boitano"; a esto “Cochengo” nunca llegó a saberlo ni a imaginarlo, y creo que si alguna vez se lo hubiera dicho no me lo hubiese creído; más bien lo habría tomado como un cumplido que hubiera actuado en sentido contrario, reafirmando en él sus pensamientos y consideraciones sobre mí.

Contracara

A “Cochengo” lo halagaba tener encuentros personales con quienes admiraba, sin advertir quizás que él generaba en otros un sentimiento similar y más intenso, porque se había transformado en una persona muy popular; era un artista consumado y, como si esto fuera poco, ahora era el principal protagonista de un film que rodaba por el mundo.

Sin ir más lejos, yo tuve una sensación interior muy fuerte y particular, el día que nos presentaron por primera vez. Sin embargo nunca hallé la manera ni el momento de hacérselo saber a “Cochengo”, ni siquiera a través de una canción...

005. Cochengo a punto de montar a caballo. Foto J. Prelorán. copia

Cochengo a punto de montar a caballo. Foto de Jorge Prelorán.

Pero no sólo la película me planteaba estar en una situación halagadora, junto a “Cochengo”. Su presencia de carne y hueso, invariablemente me traía a la memoria los versos de Julio Domínguez, que yo había cantado tantas veces en su obra "Cueca de La Blanca", y eso me exacerbaba más todavía esa indefinible sensación interior, mezcla de respeto y orgullo:

J. DOMÍNGUEZ ESCRIBIÓ:
"Esta cueca es de los pagos
de don Cochengo Miranda
cuando la bailes, paloma,
búscame con la mirada
que están de fiesta los criollos
en el jagüel de La Blanca".

 Recuerdo claramente, como si hubiera sucedido ayer, que yendo de viaje por la antigua ruta 143, entre Conhelo y Rucanelo, escuché en el receptor del auto por vez primera esa obra al sintonizar una de las radios que emitían desde Santa Rosa, en la versión discográfica por aquel dúo del que yo había formado parte. Ese pequeño, minúsculo episodio, fue para mí muy emotivo por razones de naturaleza artística, pero lo interesante es que junto al hecho íntimo, personal, crecía el enigma sobre el personaje que nombraba la cueca, y que por esos días estaba en boca de mucha gente, mientras se terminaba de filmar la película que llevaría su nombre: “Cochengo Miranda”. 

006. Recorre el campo a caballo. Foto J. Prelorán. copia

Recorriendo el campo a caballo. Foto de Jorge Prelorán.

A través de las canciones, los nombres de personas generalmente terminan mitificándose, sean seres comunes o no, por un mecanismo de aceptación colectiva implícita de esa condición del nombrado, y uno se suma a ello aún involuntariamente. Ese “Cochengo” que, además, con mi propia voz nombraba al cantarlo desde el disco, iba a tenerlo frente a mí, en persona, poco tiempo después... Entonces, al toparme con él personalmente, si ello en algún sentido develaba un enigma, corporizaba una idealización... ¡Cómo no iba uno a emocionarse! ¿Quién hubiera sido capaz de sustraerse de esa sensación?

Reflexiones finales

Si bien aquí y ahora les he dado forma escrita a estas reflexiones, no se trata de que haya vivido haciendo de este asunto pendiente toda una cuestión cargada de desmesura... Pero creo sí, que al final, con la desaparición física de “Cochengo”, de pronto cobra una mayor significación la pervivencia de aquella deuda de gratitud no resuelta por mí. Es entonces, sí, cuando cobra sentido dar cuenta –aunque en una mínima proporción seguramente– de ese costado entrañablemente sensible y afectuoso de la personalidad de “Cochengo”, como generador de estos aconteceres del espíritu y el corazón, que acaso él y yo hemos compartido.

009. Mate en mano con su postura personal al cebar. Foto J. Prelorán copia

Mate en mano, con su postura personal al cebar. Foto de Jorge Prelorán.

Estoy seguro que el nuestro es uno de esos casos –según he intentado definirlo al principio de estas líneas– en que las cosas se fueron dando nomás, no como algo inapelable sino natural, lo que no es poco decir dada la estatura moral del propiciante. Por eso, y por si “Cochengo” Miranda hubiere creído alguna vez que lo desairaba con mi eterna ausencia, diré, también como él por escrito, lo que hasta aquí he dicho, y que pienso y creo que más allá de cada gesto que en estos párrafos se revele exculpatorio, siento con total sinceridad que a la ofrenda de “Cochengo”, en algún sentido y en alguna medida sencillamente yo me la he perdido.

 

Ruben Evangelista  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

* por Rubén R. L. Evangelista,
("Cacho Arenas").
Ex asistente de filmación de Jorge Prelorán.
Febrero de 2001 - Actualizada en Diciembre de 2025.